Buen transporte, automóvil y ferrocarril





Ferrocarriles y automóviles electrónicos
pueden convivir exitosamente
Hace apenas un cuarto de siglo, la gente se apasionaba por los medios de transporte modernos. Los pósteres de algún famoso transatlántico y los esquemas del último tipo de avión adornaban las paredes. Todavía hoy, el concorde, el turbotren o el coche de carreras “Tyrell” con seis ruedas suscitan la admiración.

Los jóvenes actualmente no imaginan otro medio de transportes que el automóvil o el avión, pero, es bueno que sepan como ha ido evolucionando el transporte. De allí que el ferrocarril no debe perder vigencia e ir a la par con los automóviles, principalmente con las nuevas tecnologías electrónicas.

Las mentalidades vienen cambiando, los jóvenes también miran de modo más crítico los aparatos modernos. No hemos dado cuenta de que los rendimientos técnicos realmente notables de nuestros aviones o de nuestros bólidos pueden tener efectos dramáticos en nuestro ambiente: ruido, polución, consumo de energía. Pero debemos saber también que todo medio de transporte influye directamente en la organización del espacio, sea cual fuera.


El aldeano de la sabana africana dispone de terrenos de caza, de ríos para pescar, de un espacio reservado a la vivienda y otro dedicado a los cultivos. Entre estos diferentes espacios de utilización específica, debe poder circular.

Al atribuir tareas precisas a diferentes lugares, el hombre ha creado la circulación, para alcanzarlos y relacionarlos entre sí.

En este campo, nuestra época conoce una verdadera resolución: gracias a los modernos medios de comunicación, el hombre puede unir los espacios más diversos y los más alejados, incluso sin desplazarse. Una gran sociedad industrial, por ejemplo utiliza todo un sistema de comunicaciones y de transportes: el teléfono o el télex conducen las informaciones y las órdenes de la sede central a todas las filiales del mundo.

Por otra parte, las agencias bancarias aseguran las transferencias de dinero, oleoductos, líneas de alta tensión o petroleros que aportan la energía de fuentes que se encuentra, a veces, a miles de kilómetros de distancia.




Los buques de carga llevan las materias primas a las fábricas, mientras que los trenes transportan los productos acabados que los camiones distribuían por fin a la clientela. Gracias al avión, al tren y al automóvil, la circulación constituye la base de la economía moderna.

Ferrocarril

Hasta 1850, más o menos, una fábrica debía situarse al borde de un riachuelo, que le proporcionaba la fuerza necesaria para las máquinas, o cerca de un bosque, de una mina e incluso de una cantera, donde encontraba las materias primas necesarias.

Con la aparición del ferrocarril, todo cambio: en adelante, sería posible transportar a largas distancias materiales pesados por ejemplo, la hulla, para calentar las nuevas máquinas de vapor.

Las fábricas podían, pues situarse cerca de las ciudades, en donde encontraban manos de obras y clientes; desde entonces se pudo enviar a cualquier lugar del país, e incluso más lejos, los productos más diversos y más pesados. El invento del ferrocarril hizo disminuir las distancias en pocos años: el territorio parecía más pequeño.

En Estados Unidos, después de que se crearon los trenes transcontinentales, el gobierno asignó a las compañías ferroviarias a una zona de 15 kilómetros a cada lado de la vía; las compañías dividieron sus zonas en grandes lotes que vendieron a los colonos.

A medida que la vía férrea progresaba hacia el oeste, la agricultura norteamericana surgía y se extendía. Los silos de cereales se alineaban a lo largo de la vía férrea; y los rebaños, conducidos por los cow- boys, eran cargados en los vagones.

Así mismo, la aparición del ferrocarril transformo profundamente los paisajes europeos. Las regiones dejaron de vivir aisladas y se especializaron en los cultivos más rentables.

Las propias compañías contribuyeron al desarrollo de la agricultura. Algunas organizaron cursos sobre cómo cebar las aves; otras enseñaron a los campesinos a injertar árboles. Estas campañas de iniciación estaban destinadas a favorecer los intercambios de productos agrícolas y a desarrollar el comercio por ferrocarril.

Al salir de las grandes estaciones, el paisaje que se encuentra no es muy atractivo: los primeros kilómetros no ofrecen más que vías de apartadero y estaciones de mercancías, fábricas, montones, de carbón, cisternas gigantes. La industria ha sido  atraída muy pronto por la gran potencia del ferrocarril.

A cada lado de las líneas principales se extienden las instalaciones ferroviarias: apartaderos, depósitos, talleres para el material rodante. Cada fábrica importante posee incluso su propia vía férrea, cerca de la cual se han concentrado otras actividades. Al atraer la mano de obra, las fábricas han favorecido así la formación y el crecimiento de ciudades obreras.

En el siglo XIX y a comienzos de éste el ferrocarril era el principal medio de transporte. En nuestros días, sin embargo, su importancia ha disminuido. No todo son ventajas, en efecto. También presenta inconvenientes: trazado rígido, necesidad de un tráfico rentable, construcción demasiado cara.

Poco a poco han surgido serios competidores que no presentan tales defectos: el automóvil transporta más fácilmente los pequeños grupos; el camión es más adecuado para las mercancías ligeras; y las gabarras, paras las cargas pesadas.
Un número muy elevado de línea de ferrocarril es deficitario.

Los ingenieros se esfuerzan en mejorar la red ferroviaria y en aumentar la velocidad de los convoyes, a fin de conquistar nuevos mercados y de ganar más clientes.

Cada país industrializado dispone de líneas de gran velocidad: en Italia, la direttissima (Milán- Nápoles); en Francia, el nuevo turbotrén entre parís y Lyon; en Alemania la red express. Los convoyes de mercancías se cargan y descargan en nuevos apartaderos; la introducción, a partir de 1977, del enganche automático, aportara al mismo tiempo ganancia de tiempo y una considerable disminución de personal.

La modernización de los ejes principales salvará probablemente al ferrocarril; en cambio, acentuará la diferencia entre las zonas bien servidas, es decir que las zonas ya ricas en industrias y comercios y las regiones servidas deficientemente, que estarán cada vez más apartadas de las grandes corrientes modernas de circulación.

Los autos eléctricos son el el futuro,
se impondrán en el mundo
El automóvil

Con el automóvil aparece un medio de transporte mucho más flexible. Por primera vez en la historia de la humanidad, al menos en los países ricos, casi todos los hombres pueden desplazarse a donde y cuando quieran, sin depender de una empresa de transporte.




Pero este maravilloso bólido moderno presenta muchos inconvenientes. Necesita demasiado espacio: a menudo va ocupado por una sola persona, y además debe guardar una distancia importante respecto al vehículo que le precede.

Sin embargo, actualmente se van solucionando todos los inconvenientes, gracias a la tecnología. Desde ser menos contaminantes hasta estacionarse prácticamente solos. Los automóviles electrónicos vinieron para quedarse. Pese a todo debes procurar comprar un auto que se preste a tus actividades de la mejor manera.

Otro de los problemas a solucionar son los lugares de estacionamiento en el centro de las ciudades, para transportar un gran número de viajeros a un costo beneficio aceptable, el auto necesita mucho más espacio que los otros medios de transporte; en especial más que el ferrocarril.

Se ha comprobado que, en una vía de 3 m de anchura, a una velocidad de 50 km/h, el ferrocarril, con un lleno equivalente a los dos tercios de su capacidad total, transporta 40,000 personas por hora; el auto solo transporta 4,000, es decir diez veces menos.

El automóvil necesita mucho espacio incluso cuando no circula. Para asegurar el aparcamiento y una circulación fluida, haría falta reconstruir la mayoría de las ciudades, dotándolas de grandes ejes circulatorios, tréboles a varios niveles y abundantes zonas de estacionamiento.

A fin de solucionar de algún modo el problema de la circulación automóvil en las ciudades, se han creado en el centro de las aglomeraciones zonas exclusivamente reservadas a los peatones. Algunos barrios han mejorado mucho con estas medidas, que, por otra parte, evitan los embotellamientos en el corazón de la ciudad. Para un futuro no muy lejano, se prevé la creación de grandes aparcamientos a las puertas de la ciudad, donde los usuarios dejarían su coche.

Desde ahí seguirían itinerario con metro, tranvía o con una red de pequeños autobuses rápidos. Algunas ciudades han introducidos el sistemas de transporte de colectivos gratuitos.

El atascamiento de las ciudades por el tráfico motorizado origina la huida del centro de la ciudad: los habitantes más pudientes escogen la tranquilidad de los barrios residenciales; otros, menos favorecidos por la fortuna, obligadas a vivir en las ciudades dormitorios de la periferia.

Cerca de las cruces de autopistas se instalan empresas y supermercados a los que influyen a sus clientes motorizados, satisfechos de encontrar al fin centro de compras de fácil acceso. También las fábricas se establecen lejos del centro, en sitios donde existe espacio suficiente para su expansión y donde sus camiones puedan evitar los atascos de las carreteras.

Estas zonas que rodean a la ciudad suelen estar mal servidas por los transportes públicos. Sus habitantes se desplazan con su propio vehículo, convirtiéndose así en esclavos del automóvil.

El automovilista no invade solamente los barrios periféricos: invaden también el campo, construyendo residencias secundarias.

Ante la mirada atónita del campesino, que ve desaparecer el paisaje de antaño, surgen por doquier, bungalows y chalets.

Si el automóvil permite el acceso a cualquier punto del territorio, también origina la dispersión de los hombres y de sus múltiples actividades. Esta dispersión impide crear otro medio de transporte rentable: no hay tráfico suficiente.

Sin embargo, incluso en los países más motorizados, una parte muy importante de la población no puede disponer de su automóvil.

Para sus desplazamientos, estas personas deben utilizar autocares no siempre abundantes ni en buen estado. Los gobiernos se ven en la obligación de subvencionar estas líneas deficitarias para que las agentes del campo puedan mantener el contacto con el resto del país. Incluso en los países ricos, existen regiones que, en cuanto a transportes, están realmente subdesarrolladas.

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